Autorretrato 21
Cuando tuve conciencia del fracaso, supe que me acompañaría toda la vida.
Entonces fui inconciente. Me divertía. Jugaba fútbol, y cuando me volví bueno, como mi papa y mi hermano, pensé: el tiempo acaricia.
¿Y qué pasa con las piedras?, le preguntaba a mi papa. Se erosionan, hijo. Se convierten en arena y polvo. Y yo olvidaba, para luego preguntarle de nuevo. ¿Papa te gustó mi gol? Y él me decía Sin duda, hijo, y tragaba saliva. Me adivinaba la silueta entre lágrimas, y le salía la mugre de los ojos. Y luego aprendí que significa catarsis.
Un día llegó a la casa, y me dice ¿Juan Pablo quieres jugar en el Cruz Azul? Cerré los ojos, o más bien, no recuerdo tener vista. Le asentí, y me tartamudeaban las manos.
Yo era el niño gordito. No corría, pero con el balón era conciso y efectivo. Y el balón se antojaba agradable y para, los de afuera, espectacular.
Oye gordito, tú tira el tiro. Me decía el entrenador, con sonrisa de camaradas.
Un día mi papa me dijo: Bueno pues, ¿fútbol o la estudiada?
No recuerdo la respuesta, pero sí recuerdo llorar. Al día siguiente no fui a entrenar. Tenía 12 y decidí que lo más sano sería suspender la mente. Luego despertaba y me sorprendía con alguna genialidad. Escribía acerca de tristeza y fracaso, y aprendí de la prosa, y también de Aristóteles. Leí Acto - potencia, y me sumergí en la potencia. También en el alcohol, y admiraba a Pessoa y a Carver. Un día me levante sin memoria y sin pantalones en la calle. Otro, tosí sangre. Otro, volví a toser sangre. La noche me contestaba con el ensordecedor juego de luces. Una tarde me pareció ver Cuernavaca, y recordé cuando jugaba con mi papa y mi hermano.











